martes, 1 de mayo de 2012

El chico de la Toscana

El lunes, a diferencia de todos los que tuvieran un puente estupendo, yo tenía clase. Y como hacía unos 15 días que no iba a clase de árabe buena estudiante que soy, decidí/me obligué a ir (porque sabía que no iba a ir ni Perry). Y ahí estaba yo, a las 8.25 con cara de ogro necesitado de un buen café arrastrando mi cuerpo hacia el aula 39 de una facultad fantasma.

**Ahora es cuando os metro el típico gif de la bola del desierto para que os hagáis una idea de cómo estaba la facultad de desierta (¿lo pilláis?), pero es que no he encontrado nada. Así que os jodéis y hacéis el esfuerzo de imaginaros un pasillo vacío, con cinco clases a cada lado, un par de máquinas expendedoras y banquitos**

Como no estaba muy segura de qué habían dado en clase cuando yo no estaba, me acerqué al primer (y único; recordad que el pasillo estaba vacío) chico que había sentado en un banquito antes de entrar en clase. Puse una de esas sonrisas de niña buena y le comenté que me había fijado en que íbamos juntos a árabe (e.e) y que si me podía hacer el favor de decirme qué habían hecho. Carita muy sonriente.

El muchacho me miró, me sonrió y dijo "sí, sí" efusivamente. Toma ya. Eso sí, hablaba con un acento... Que no era español, vaya. Por eso, cuando terminó de comentarme un poco lo que habían dado y lo que no, le dije, con toda mi cara, que él no era de aquí. Se sonrojó (qué monooojadsvhkbdkbdcw). Y me dijo que no, que estaba de Erasmus en Granada, pero que era de la Toscana. Bajón momentáneo

Esto era todo en lo que podía pensar a partir de aquel momento.

Quien me conozca un poco sabrá que a mí, Italia, los italianos y, concretamente, el italiano*... Como que no. Qué queréis que os diga, a mí Italia me parece como España pero con más arte (histórico) y gente que gesticula mucho**. Pero me dije que ya que el hombre me había dejado los apuntes, pues qué menos que interesarme un poco por él.

Total, que me empezó a contar un poco que le gustaba la ciudad, que esto, lo otro, blabla (yo, mientras, no dejaba de pensar en la imagen de antes y en que cada vez que hablaba tenía más y más acento italiano) hasta que, de repente, me acordé de que no sabía cómo se llamaba.

- Por cierto, no sé tu nombre (caidita de pestañas). ¿Cómo te llamas?
- Riccardo (dicho con muuucho acento italiano)

En ese momento me enamoré. No sé, me embriagó su voz, su barbita de tres días... Y cuando me dijo que en Italia estudiaba Arqueología, supe que era el hombre de mi vida.

En mi cabeza estaba todo claro: Riccardo, arqueólogo de La Toscana, y Sara, literata y comparatista de Mallorca. Ambos del Mediterráneo con un futuro prometedor en el campo de las Humanidades. Él descubriría antiguos yacimientos, esqueletos de dinosaurios y cosas de esas y yo editaría su trabajo. Ganaríamos un montón de dinero y viviríamos a caballo entre Francia, Estados Unidos y donde fuera que tuviera que ir a descubrir cosas hasta que estuviéramos lo bastante satisfechos con nuestra vida para tener tres niños (a poder ser, pelirrojos): Lucca, Leonardo y María.

Luego llegó el profesor y tuvimos que entrar en clase. Éramos 4. A los veinte minutos llegó un quinto chico. 5 muchachos en clase y Riccardo y yo sentados juntos, riendo de lo que decía el profesor y comentando cosas entre nosotros. Eso es amor.

Cuando acabó la clase y salimos, nos dimos cuenta de que estaba lloviendo. Y así, debajo de la lluvia, me dijo: "Hasta el miércoles".


Y aquí me tenéis, suspirando y con necesidad de mimitos. Así que dadme amor, malditos.



*Un par de aclaraciones:
Hablo desde la absoluta ignorancia: no conozco Italia (aunque me gustaría ir por todo el patrimonio cultural que tiene y blabla) y los italianos, en general, no molan (aunque los de mi clase son muy simpáticos y son plenamente conscientes de que, a pesar de no conocer su idioma, me parece un poco cargante cuando hablan (pero ojo, los quiero mucho)).
Además, después de haber conocido al hombre de mi vida, mi concepción sobre todo esto ha cambiado (y si no os lo contaba, la historia no tenía gracia, pero claro, hay que ser políticamente correcto...)

**Tópicos y topicazos: ¡vivan!

3 comentarios:

Megamaniaco dijo...

Ayyyy pero que me emociono :_D
Te aseguro que hay partes de Italia que te enamoran y ya no quieres irte; recuerdo que la Basílica de San Pedro es el edificio (por dentro) mas bonito que he visto en la vida.

Mucha suerte con Richie (?)

SARA dijo...

De Richie nada, eh. R I C C A R D O!

Kiwi dijo...

Toscana tíaaaaa, alkdlakjslkajsd jo sí que som d'italians, grr~ Malvaaada~ <3