lunes, 28 de mayo de 2012

El del cream cheese.

La primavera la sangre altera. O eso dicen. A mí me altera la sangre, las hormonas y el estado de mi salud (sobre todo, esto último; y si no, preguntadle a mi madre).
En fin. Que parece que el frío se ha ido ya definitivamente y, con él, el chico de la Toscana.
Si, fieles lectores, aquel italiano que me robó el corazón en una clase de árabe ha desaparecido. O lo ha secuestrado la mafia siciliana, que son muy malos (hola, compi de clase de Sicilia, ¿qué tal?) .O a lo mejor ha leído mi blog y del miedo que le he dado, ha huido.
No, es más probable lo de la mafia.

Pero no os preocupéis, ya no me afecta. He podido superarlo. Ha sido un poco duro, pero lo he conseguido. Además, he conocido a otro chico. Y agarraos, porque no es cualquier chico. Es el Príncipe de Bel-Air (o sea, un tío que se llama Will y es de Filadelfia. AJAJAJAJAJAJA ¿lo pilláis?).

Nuestra historia de amor empieza en un pub irlandés. Había ido ahí con mi fiel compañera de habitación y los guiris de mi resi para dar apoyo al equipo de fútbol de nuestro amigo inglés y beber cerveza a base de bien.  Entonces vi a un interesante chico que no dejaba de  hablar en inglés con los guiris. Y yo, que soy muy salá y tengo complejo de señora mayor, me acerqué y le dije: ¿tú quién ere? (para que la historia resulte graciosa, hay que pronunciar el "ere" con acento granaíno). Y así empezó todo.
El destino quiso que nos uniéramos, porque aquella noche habíamos quedado con los guiris para ir de caza salir a bailar. Así que hicimos botellón una reunión de amigos en la habitación de uno de ellos y él estaba ahí.
Conforme el Lambrusco y las cervezas iban bajando de nivel, nuestras conversaciones se volvieron más absurdas (que es lo que siempre pasa en las reuniones de amigos, vaya). Y entonces se me ocurrió la genial idea de preguntarle al Príncipe de Bel-Air que si en Filadelfia tenían queso Philadelphia.
Sí, sí, se lo pregunté. Con toda mi cara. Así soy yo.
Y total, que me dijo que sí, pero que no se llamaba "queso Philadelphia".

- ¡¿Que quéeeeeeeeee?! ¿Y entonces cómo lo llamáis?
- Cream cheese -dijo él.
- Po' vaya -me quedé yo.
- Es que "Philadelphia es el nombre de la marca", wey -dijo el panchito.
- Pues aquí le llamamos "queso Philadelphia" hasta al de Mercadona -intervino mi compañera.
- Los españoles sois muy raros -añadió el inglés.
- Mira, peeerrdona pero esto es un fenómeno de marketing, y tanto tú (el inglés), como tú (Will) deberíais saberlo, que estudiáis Economía y Marketing -ahí ya me habían tocado las pelotas- . Es como si llamas "Danone" al yogur.
- ¿Qué es "Danode"? -preguntó el inglés.
*****FACEPALM*****

La conversación siguió, pero, sinceramente, ya no la recuerdo. La cosa es que, al parecer, se tiene que decir "cream cheese" alargando mucho las es de "cheese". Porque si no, no tienes ni puta idea de inglés ni de Estados Unidos. Pos ok.

Nunca un alimento tan sencillo había generado tanta disputa.

Total, que nos fuimos a la discoteca y pasó lo que pasó. Lo más gracioso fue el momento en que me dijo que se volvía a su casa el domingo siguiente por la madrugada. (En realidad no fue gracioso. De hecho, se me quedó una cara de gilipollas...).

Y así, después de haber pasado una noche genial, de haberme animado a que me vaya a EEUU a estudiar y a hacerle una visita a Filadelfia o a California-si-ya-tenía-el-apartamento y de haberme dicho que se alegra de "haber conocido a tú", nuestros caminos se separaron.

Y FIN. (Bueno, en realidad hay una segunda parte de la historia, pero me da pereza contarla. Ahí os pudráis de la intriga).




3 comentarios:

Kiwi dijo...

The game by Marina

Kiwi dijo...

The game by Marina

Daphne. dijo...

"pasó lo que pasó" Ya.

No tientes a mi curiosidad o utilizaré poderes mágicos con tal de averiguar la segunda parte.