cuando sabes que falta un día menos para verle, no te importa levantarte a las 6.30 para estudiar un examen. cuando sabes que falta un día menos para verle, no te importa dormirte un rato en clase de sociales, ni sentirte como si peter griffin se te hubiera tirado encima; tampoco te importa que la espalda te impida sentarte normal y tengas la necesidad de estar en una posición en la que parece que te hayan metido un palo por el culo. ni mucho menos te importa que la rodilla te haga de las suyas, doliendo y haciendo ruidos extraños.
pero cuando te han dado un guantazo a modo de buenos días, tu mala hostia te ha causado pequeñas discusiones y la cara se te cae literalmente a cachos, la cosa cambia. cuando en tu propio silencio te percatas de todo lo que pasa a tu alrededor y te ves incapaz de controlarlo, la cosa cambia. cuando sabes que ya no hay vuelta atrás (has cambiado -todo ha cambiado- y las cosas vuelven a ser diferentes) y que has sido reemplazada otra vez, la cosa cambia.
porque entonces ya no eres feliz porque falta un día menos para verle.
ahora necesitas verle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario